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crónica| un día de mierda

30 noviembre 2009 // 1 Comentarios
38341_felicidad    Olía a café. El aroma parecía provenir de la cocina e hizo que me incorporase raudo y veloz desde mi postura horizontal en mi acogedora cama. Fue uno de los desayunos más sabrosos que he tomado en los últimos meses, sin tener que “mal beber” café recocido o hecho hace varias horas. El café recién hecho a primera hora de la mañana es una buena señal de que el resto del día puede resultar fantástico.
   Cuando saqué del armario mi camisa preferida, recién planchada del día anterior, ¡mmmmm! un agradable olor a perfume recorrió todo mi Alma e hizo que pareciese que vestía con un manto de flores. Aquel pantalón recio y limpio supuso el complemento ideal de la vestimenta de aquel día. Zapatos nuevos, negros, limpios, brillantes, relucientes. Mientras ataba aquellos elegantes zapatos, una medio sonrisa se dibujaba en mi rostro. El día empezaba como yo quería.
   ¡Qué día tan maravilloso! El cielo azul adornaba mi nueva jornada junto con unas nubes que dibujaban caprichosos elementos en el cielo; un conejo, una flor, un curioso cervatillo,… ¿un iphone?… mmm, en fin. Bueno, el caso que hacía una temperatura ideal, veintidos grados soleados de agradable brisa acariciando mis mejillas. Parecía que los rosales que había junto a mi portal habían abierto sus flores para mi. Pude apreciar el silbido de algunos pájaros jugando a mi alrededor mientras respiraba profundamente para guardar en mi memoria aquella mezcla de perfumes tan maravillosos. Miré a mi alrededor y di gracias a la Vida por hacerme sentir tan vivo. Tenía que comenzar mi camino. Empecé a andar feliz, contento, agradecido, mirando mi reloj como si agradeciese también a mi tiempo todo lo que la naturaleza me estaba ofreciendo. ¡Y pisé una mierda!
20071207032624-mierda    ¡Puuuaaaagg! ¡Una maldita mierda! Un maldito “zurullo” de perro, una caca asquerosa y caliente, recién cagada por un bull-terrier, pastor alemán, dogo, o cualquiera de esas razas grandes que en vez de cagar parece que fabricasen mierda en cadena y salgan a la calle a repartirla. “¿Quieres mierda? ¡Pues toma un mierdón ‘pa’ que te lo comas!” parecen decir cada vez que “basculan” su culo hacia el suelo. Era asquerosa, pegajosa, blanda, olorosa, aún humeante… una boñiga enorme y suculenta, manjar para las moscas y “putamierda” para mi.
   Mi maravilloso día se “actualizó” a día de mierda.
   Tras limpiarme como pude los maravillosos zapatos que estrenaba ese día, ahora zapatos de mierrrrda, pude observar cómo parte del detrito habia manchado el dobladillo de mi pantalón ¡puag! Con un cleenex lo limpié como pude y me manché un dedo. Miré el reloj y vi que ya no me daba tiempo de volver a subir a casa para limpiarme. Íba con el tiempo justo. Este contratiempo me estaba retrasando para ir a hacer gestiones. Me incorporé y me dirijí al Metro. Tenía la sensación de caminar sobre un campo de mierda húmeda y maloliente y la impresión de que todo el mundo sabía lo que había pasado. Es algo parecido a tu primer beso: piensas que todo el mundo te lo está notando en tu expresión.
perro-escaleras Pero lo que parecía una impresión se convirtió en certeza. Parecía que un perro hecho con mierda me abordaba en las escaleras del Metro. Minutos después de entrar en el tren de la línea 12 un halo humeante y odoroso comenzó a ascender desde la suela de los zapatos hacia mi nariz. ¡Qué peste! Observé cómo la gente erguía sus cabezas y comenzaban a mirar a su alrededor. Algunos incluso empezaron a “aletear” sus narices en busca del inmundo olor que estaba inundando todo el vagón. Yo seguí con gesto pasivo, como si no fuese conmigo la cosa, incluso en algún momento creo recordar que imité los gestos de esas inocentes gentes buscando con la mirada el ficticio origen de tan pringoso aroma. “Parece que ese señor es el que huele a mierda” intentaba comunicar con la mirada al resto de viajantes mientras señalaba con ojos abiertos de par en par a un pobre jubilado que aún permanecía dormido cabizbajo en un asiento.

Salí de aquella boca de Metro aliviado, como si saliese de un bunker de guerra después de varios días de asedio. Mirando al cielo respiré profundo y…. ¡mierda! ¡todo olía a mierda! ¡Ese putrefacto olor había impregnado mis fosas nasales! Caminaba y olía a mierda, cruzaba la calle y olía a mierda, incluso entré a una de esas tiendas de chinos a comprar chicles y… ¡olía a chino! También a mierda. Todo a mi alrededor era olor a mierda, los pájaros piaban y revoloteaban esparcieno el olor a mierda, las flores abrían sus pétalos con olor a mierda e, incluso, pasó por delante de mi una maravillosa mujer embozada en un precioso vestido ceñido en su figura… ¡¡¡que olía a mierda!!! Mierda por aquí, escremento por allá, seguí caminando para hacer mis trámites. En aquella oficina no mejoró nada la situación. Todo estaba impregnado de mierda. Un repelente niño tiraba del vestido de su madre señalándome, pareciendo decir “¡Aquel chico huele a mierda, mami!”. Mientras tanto, el funcionario sellaba mis papeles y abría sus fosas nasales para identificar aquel detrito. “¡Si! ¡Es mierda señor funcionario! ¡Pura mierda! ¡Mierda de la buena, de la calentita, de la que dan ‘regalá’ y no ‘comprá’, mierda gratuita del género ‘detritus cannis’ (pero de ‘cani’ no tenía nada), mierda putrefacta y maloliente! ¡Mierda!” pensaba mientras miraba con ojos encharcados en sangre a aquel calvorota.
   en mis zapatos, cambio, cambiar, complejidad humana, optimismo, jubilo, 2009, blanco y negro El resto del día fue similar hasta que regresé a casa. Cuando entré por la puerta se había aliviado algo ese aroma pestilente que había embadurnado mi zapato, mi pantalón y mi dedo. Me sentía sucio, que lo estaba, asqueroso, que lo era, y mancillado, que así fue. Después de salir de la ducha aún recorría mi cuerpo una sensación de que una mierda pululaba por las estancias de mi hogar. Había que deshacerse de esas prendas. Más tarde tendría tiempo para pensar sobre todo lo ocurrido.
Me río yo ahora de aquellos que con voz de bobos siempre te dicen “¿pisaste una mierda? ¡eso es buena suerte!” mirándote a la cara con sonrisa burlona que dan ganas de borrársela de un bofetón “mal dao”. Pisar una mierda no es agradable, es abominable. Pisar una mierda a primera hora de la mañana es uno de los más claros signos de que el resto del día puede irte mal. Pisar una mierda cuando estás con el tiempo justo es una “putada”. Pisa una mierda es, en si, una puta mierda. Te recomiendo una cosa: si pisas una mierda y vas con el tiempo justo, merece la pena llegar un poco tarde a cualquier lugar y limpiarse bien aquellos restos de heces, y no recorrer calles y oficinas con tal vergüenza y bochorno que lleguen a convertirte una maravillosa jornada en un auténtico DÍA DE MIERDA.
Hypatia Guevara Esquivel dijo...

(30/11/2009)- jajajajajaja!!! gracias por la recomendación, después de todo, es algo que a todos nos ha sucedido en alguna parte de nuestra vida.

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