Cuando saqué del armario mi camisa preferida, recién planchada del día anterior, ¡mmmmm! un agradable olor a perfume recorrió todo mi Alma e hizo que pareciese que vestía con un manto de flores. Aquel pantalón recio y limpio supuso el complemento ideal de la vestimenta de aquel día. Zapatos nuevos, negros, limpios, brillantes, relucientes. Mientras ataba aquellos elegantes zapatos, una medio sonrisa se dibujaba en mi rostro. El día empezaba como yo quería.
¡Qué día tan maravilloso! El cielo azul adornaba mi nueva jornada junto con unas nubes que dibujaban caprichosos elementos en el cielo; un conejo, una flor, un curioso cervatillo,… ¿un iphone?… mmm, en fin. Bueno, el caso que hacía una temperatura ideal, veintidos grados soleados de agradable brisa acariciando mis mejillas. Parecía que los rosales que había junto a mi portal habían abierto sus flores para mi. Pude apreciar el silbido de algunos pájaros jugando a mi alrededor mientras respiraba profundamente para guardar en mi memoria aquella mezcla de perfumes tan maravillosos. Miré a mi alrededor y di gracias a la Vida por hacerme sentir tan vivo. Tenía que comenzar mi camino. Empecé a andar feliz, contento, agradecido, mirando mi reloj como si agradeciese también a mi tiempo todo lo que la naturaleza me estaba ofreciendo. ¡Y pisé una mierda!
Mi maravilloso día se “actualizó” a día de mierda.
Tras limpiarme como pude los maravillosos zapatos que estrenaba ese día, ahora zapatos de mierrrrda, pude observar cómo parte del detrito habia manchado el dobladillo de mi pantalón ¡puag! Con un cleenex lo limpié como pude y me manché un dedo. Miré el reloj y vi que ya no me daba tiempo de volver a subir a casa para limpiarme. Íba con el tiempo justo. Este contratiempo me estaba retrasando para ir a hacer gestiones. Me incorporé y me dirijí al Metro. Tenía la sensación de caminar sobre un campo de mierda húmeda y maloliente y la impresión de que todo el mundo sabía lo que había pasado. Es algo parecido a tu primer beso: piensas que todo el mundo te lo está notando en tu expresión.
Salí de aquella boca de Metro aliviado, como si saliese de un bunker de guerra después de varios días de asedio. Mirando al cielo respiré profundo y…. ¡mierda! ¡todo olía a mierda! ¡Ese putrefacto olor había impregnado mis fosas nasales! Caminaba y olía a mierda, cruzaba la calle y olía a mierda, incluso entré a una de esas tiendas de chinos a comprar chicles y… ¡olía a chino! También a mierda. Todo a mi alrededor era olor a mierda, los pájaros piaban y revoloteaban esparcieno el olor a mierda, las flores abrían sus pétalos con olor a mierda e, incluso, pasó por delante de mi una maravillosa mujer embozada en un precioso vestido ceñido en su figura… ¡¡¡que olía a mierda!!! Mierda por aquí, escremento por allá, seguí caminando para hacer mis trámites. En aquella oficina no mejoró nada la situación. Todo estaba impregnado de mierda. Un repelente niño tiraba del vestido de su madre señalándome, pareciendo decir “¡Aquel chico huele a mierda, mami!”. Mientras tanto, el funcionario sellaba mis papeles y abría sus fosas nasales para identificar aquel detrito. “¡Si! ¡Es mierda señor funcionario! ¡Pura mierda! ¡Mierda de la buena, de la calentita, de la que dan ‘regalá’ y no ‘comprá’, mierda gratuita del género ‘detritus cannis’ (pero de ‘cani’ no tenía nada), mierda putrefacta y maloliente! ¡Mierda!” pensaba mientras miraba con ojos encharcados en sangre a aquel calvorota.
Me río yo ahora de aquellos que con voz de bobos siempre te dicen “¿pisaste una mierda? ¡eso es buena suerte!” mirándote a la cara con sonrisa burlona que dan ganas de borrársela de un bofetón “mal dao”. Pisar una mierda no es agradable, es abominable. Pisar una mierda a primera hora de la mañana es uno de los más claros signos de que el resto del día puede irte mal. Pisar una mierda cuando estás con el tiempo justo es una “putada”. Pisa una mierda es, en si, una puta mierda. Te recomiendo una cosa: si pisas una mierda y vas con el tiempo justo, merece la pena llegar un poco tarde a cualquier lugar y limpiarse bien aquellos restos de heces, y no recorrer calles y oficinas con tal vergüenza y bochorno que lleguen a convertirte una maravillosa jornada en un auténtico DÍA DE MIERDA.





(30/11/2009)- jajajajajaja!!! gracias por la recomendación, después de todo, es algo que a todos nos ha sucedido en alguna parte de nuestra vida.